miércoles, 27 de agosto de 2008

VUELVE A EMPEZAR


Por diez años Tomás Edison intentó construir una batería de almacenaje de cargas eléctricas.
Sus esfuerzos, estrangularon en gran medida sus finanzas. En Diciembre de 1914, una combustión espontánea en su estudio casi lo llevó a la ruina.
En minutos todos los compuestos empacados para discos o cintas y otras sustancias inflamables ardieron en llamas. Aunque los departamentos de bomberos vinieron de ocho pueblos circundantes, el intenso calor y la poca presión de agua provocaron que fuera inútil extinguir las llamas.
Todo quedó destruido. El daño excedía a los dos millones de dólares, los edificios de cemento que se consideraban construidos a prueba de fuego, estaban asegurados apenas por la décima parte de esa cantidad.
Charles, el hijo del inventor, buscó con desesperación a sus padre, temeroso de que su espíritu resultara dañado.
Finalmente lo encontró contemplando con serenidad el fuego, su rostro resplandecía mientras reflexionaba. “Mi corazón se dolía por él”, decía Charles. “El tenía sesenta años, ya no era un joven y todo ardía en llamas”
En la mañana siguiente, Edison contempló las ruinas y exclamó:
“Hay algo valioso con el desastre. Se quemaron todos nuestros errores.
Gracias a Dios podemos comenzar de nuevo.
“Tres semanas después del incendio, Edison se las ingenió para inventar el primer fonógrafo.”
Con cada nuevo día, tenemos la oportunidad de comenzar de nuevo.
“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos; aunque mienta la obra de la oliva, y los labrados no me den ni para mantenerme. Aunque las ovejas sean quitadas de la majada y no haya vacas en los corrales; con todo eso yo me alegraré en el Señor y me gozaré en el Dios de mi salvación. El Señor es mi fortaleza… y me hará andar sobre alturas” Habacuc 3:17 al 19
Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. Efesios 6:10.
¿No te lo he ordenado yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el SEÑOR tu Dios estará contigo dondequiera que vayas. Josué 1:9.
No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Gálatas 6:9

RESISTID AL DIABLO

Por: Watchman Nee - Parte 1
Lectura bíblica: Stg. 4:7; 1 P. 5:8-9; 2 Co. 2:11
Al diablo se le conoce también como Satanás (Ap. 12:9). Dios lo había creado como un querubín (Ez. 28:12-14) y un arcángel (Ap. 12:7; Mt. 25:41). Pero un día se rebeló contra Dios queriendo elevarse al nivel de El. Por lo cual, Dios lo juzgó (Is. 14:12-15; Ez. 28:15-19) y como resultado llegó a ser Satanás, el adversario de Dios. En el texto original Satanás significa “oponente u adversario”. El diablo se opone a todo lo que Dios hace y siempre está en contra de los hijos de Dios.
Examinemos la forma en que el diablo ataca a los hijos de Dios, y cómo ellos lo resisten.
I. LA OBRA DE SATANAS
Veamos cuatro aspectos de la obra que realiza Satanás.
A. Satanás actúa en la mente del hombreEn 2 Corintios 10:4-5 dice: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas ante Dios para derribar fortalezas; al derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y al llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Esto nos muestra que las fortalezas de Satanás se componen de lo que es elevado, y desde ellas rodea la mente del hombre. Para que el Señor pueda ganar terreno en nosotros, tiene que derribar las fortalezas de Satanás, pues así combate los pensamientos del hombre y los lleva cautivos.
1. Los argumentos y las tentaciones de Satanás¿Qué son los argumentos? La palabra griega correspondiente puede traducirse “imaginación” o “pensamiento”. Muchas veces Satanás nos asedia con imaginaciones. Los hombres son insensatos; piensan que éstas son sus propias ideas, cuando en realidad son fortalezas de Satanás que impiden que la mente se someta a Cristo. Muchas veces Satanás siembra cierta idea en nuestra mente. Si creemos que ese pensamiento procede de nosotros mismos, caemos en la trampa. Frecuentemente surgen pensamientos sin motivo alguno; sencillamente son imaginaciones. Muchos de los que llamamos “pecados” son imaginarios; no son reales. La mayoría de los conflictos que surgen entre los hermanos y las hermanas, proceden de nuestra imaginación; son completamente infundados. En muchas ocasiones Satanás pone un pensamiento absurdo en nuestra mente, y nosotros ni cuenta nos damos de su obra. Cuando él pone una idea en nuestra mente, y nosotros la aceptamos, accedemos a su obra. Si rechazamos la idea, rechazamos su obra. Muchos pensamientos no son nuestros, sino que están conectados con Satanás. Debemos aprender a rechazar tales pensamientos.
Casi todas las tentaciones de Satanás empiezan por la mente. El ve que los hijos de Dios se levantarán y lo resistirán vehementemente si los ataca abiertamente. Esta es la razón por la cual nos tienta solapadamente, poniendo pensamientos en nuestra mente sin que lo advirtamos. Una vez que dicho pensamiento entra en nosotros, comienza a dar vueltas en nuestra mente. Si al acariciar un pensamiento, más nos parece que tenemos la razón en cuanto a la acción sugerida, hemos caído en la red. El pensamiento que hemos aceptado es la tentación de Satanás. Si rechazamos el ataque de Satanás en nuestra mente, cerraremos la entrada más vulnerable que tenemos a sus tentaciones.
Gran parte de las desavenencias que se presentan entre los hijos de Dios radican en la mente; no son verdaderos problemas. Algunas veces cuando uno ve a un hermano, siente que él tiene algo contra uno, o que hay cierto distanciamiento. Esto puede convertirse en una barrera, cuando en realidad no sucede nada. Dicho “problema” no es otra cosa que el ataque de Satanás en la mente de uno, o en la mente de un hermano o hermana. Tales problemas son innecesarios. Los hijos de Dios deben rechazar esos pensamientos y sentimientos repentinos. Deben aprender a no ceder frente a Satanás.
Quisiéramos hacer una advertencia. No debemos preocuparnos demasiado por los pensamientos generados por Satanás. Hay personas que se van al extremo de no prestar atención a ningún pensamiento que venga de Satanás; pero hay otras que se van al otro extremo de dedicar demasiada atención a los mismos. Una persona puede ser fácilmente engañada si no está alerta en cuanto a los pensamientos que vienen de Satanás; y al mismo tiempo, puede perder la razón si se obsesiona con ellos. Si una persona pone mucha atención a las tentaciones de Satanás, su mente se llenará de confusión, y será presa fácil de Satanás. En el momento en que una persona aparta sus ojos del Señor, se hallará en problemas. Por una parte, necesitamos ver que Satanás ataca nuestra mente; por otra, debemos comprender que tan pronto rechazamos sus ataques, éstos se acaban. Si una persona tiene que rechazar a Satanás día y noche, su mente no está bien, y va por mal rumbo. Por una parte, debemos conocer los ardides de Satanás, porque si los ignoramos, seremos engañados; por otra, no debemos preocuparnos demasiado al respecto, porque eso también nos conduce al engaño. En el instante en que ponemos nuestros ojos en Satanás, él obtiene lo que desea. Esta distracción nos inutilizará, y nos obsesionaremos con sus pensamientos día y noche. Cualquier hermano que se ocupa demasiado en tales pensamientos ya ha sido engañado. Debemos aprender a ser equilibrados. No es correcto preocuparse excesivamente. Si la mente de una persona está ocupada constantemente con los pensamientos de Satanás, en realidad está cediendo terreno a Satanás. Nunca debemos irnos a los extremos.
2. Cómo rechazar los pensamientos de Satanás¿Cómo podemos rechazar los pensamientos que vienen de Satanás? Es fácil. Dios nos dio la mente; así que no es de Satanás. Solamente nosotros tenemos derecho a usarla; Satanás no tiene potestad sobre nuestra mente. Lo único que debemos hacer es no permitirle pensar por nosotros. Satanás sólo puede usurpar nuestra mente con engaños. Nos pondrá un pensamiento, y nosotros pensaremos que proviene de nosotros, cuando en realidad viene de Satanás. Cuando descubrimos que aquella idea no es nuestra, vencemos.Satanás siempre tienta y ataca a la persona de una manera subrepticia y cubierta. El no se anuncia a voces diciendo: “¡Aquí vengo!” En lugar de eso, nos engaña con mentiras y falsedades. El no nos deja ver que es él quien está detrás de cierta acción. Una vez que estamos conscientes del ataque de Satanás y lo ponemos en evidencia junto con sus disfraces, es fácil resistirlo. El Señor Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32). Los hechos son verídicos. Una vez que conozcamos los hechos, seremos libres. El poder de Satanás está en sus mentiras; una vez que éstas fallan, su poder se desvanece. Por consiguiente, cuando vemos el hecho de que Satanás nos está atacando, somos libres. Algunos hijos de Dios afirman que Satanás es el instigador que yace detrás de todos los ataques, pero no tienen la certeza en sus espíritus de que los ataques provengan en realidad de Satanás. Aunque dicen resistir a Satanás, desconocen la realidad de la obra que él realiza y, como resultado, no pueden resistirlo. Sin embargo, en cuanto identifican la actividad de Satanás, lo pueden resistir, y tan pronto lo resisten, él huye.
Satanás ataca nuestra mente principalmente por medio de engaños. El nos hace creer que sus pensamientos son nuestros, cuando en realidad son suyos. Cuando sacamos a la luz sus mentiras, rechazamos el pensamiento que viene de él. Resistir significa rechazar. Cuando Satanás nos ofrece un pensamiento, debemos decir: “No lo quiero”. Esto es lo que significa resistir. Cuando trata de sembrar otra idea en nosotros, debemos decir: “No la acepto”. Y si trae otra, debemos repetir: “No la acepto”. Si hacemos esto, él no podrá hacernos nada. Un siervo del Señor que vivió en la Edad Media dijo: “Uno no puede evitar que los pájaros vuelen sobre su cabeza, pero si puede impedir que hagan nido en sus cabellos”. Tiene toda la razón. No podemos evitar que Satanás nos tiente, pero sí podemos impedir que anide y gane terreno en nosotros. Nosotros tenemos tal potestad. Si no prestamos atención a los pensamientos que entran en nuestra mente, ellos cesarán.
Por el lado positivo, necesitamos ejercitar nuestra mente. Muchas personas tienen una mente perezosa. Esto facilita la entrada de Satanás. Leemos en Filipenses 4:8: “Todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, a esto estad atentos”. Debemos estar atentos ejercitando nuestra mente con relación a lo espiritual. Si una persona siempre pone su mente en cosas pecaminosas, Satanás le puede inyectar pensamientos fácilmente, pues no piensa muy diferente a Satanás. Pero si constantemente ponemos nuestra mente en cosas espirituales, Satanás no podrá sembrar sus pensamientos en nosotros fácilmente. El puede inyectar sus ideas en las personas pasivas, porque tienen demasiado tiempo disponible o porque sus pensamientos no están claros.
Otro aspecto que merece atención es que nuestra mente no debe ser atraída por pensamientos satánicos, como les sucede a muchas personas. No tienen interés en las maravillosas experiencias espirituales de otros hermanos, pero se interesan mucho cuando se trata de esparcir chismes. Puesto que se complacen en las obras de Satanás, no pueden rechazar los pensamientos satánicos. Todos los pensamientos sucios que entorpecen nuestra comunión con el Señor y debilitan nuestro amor a El, vienen de Satanás. En primer lugar, no contemplaríamos tales pensamientos si no nos atrajesen. Si inclinamos nuestro corazón a estas cosas, fácilmente penetrarán en nosotros. Por tanto, debemos aprender a rechazar todo lo que venga de Satanás. Prestemos especial atención en rechazar todo pensamiento sucio. Satanás siempre pone pensamientos sucios en el hombre para inducirlo a pecar. El punto de partida es un pensamiento sucio. Si permitimos que cobre fuerza, dará como fruto el pecado. Por eso, debemos rechazar todo pensamiento que venga de Satanás.
Sin embargo, se presenta un gran problema: ¿qué podemos hacer si el pensamiento no se va después que lo hemos rechazado? Solamente necesitamos resistir una vez esos pensamientos indeseables. Uno resiste una sola vez; nunca debemos resistir dos veces. Leemos en Jacobo 4:7: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros”. Debemos creer que cuando resistimos al diablo, él huye. Es incorrecto continuar resistiendo por temor a que el diablo todavía ande alrededor. ¿A quién hemos de creer? La Biblia dice que resistamos y que él huirá. Si una voz interna nos insinúa que él no ha huido, ¡esa debe ser la voz de Satanás! Muchas personas prefieren creerle a Satanás y, por consiguiente, son derrotadas. Cuando hemos resistido al diablo, debemos declarar: “Ya resistí al diablo; ya se fue”. La duda de que él todavía esté rondando es una mentira y no procede del Señor. El diablo tiene que huir. No tiene motivo alguno para quedarse. Entendamos claramente que debemos resistir una sola vez y que no necesitamos resistir una segunda vez. Resistir la primera vez glorifica el nombre de Dios; resistir una segunda vez pone en duda la Palabra de Dios.
Mucha gente comete el error de usar sus sentimientos para verificar si el diablo huyó. Ellos se preguntan: “¿Ya se fue el diablo?” Cuando sus sentimientos les dicen que no se ha ido, ellos tratan de resistirlo de nuevo. Si uno resiste una segunda vez, indudablemente lo hará por tercera vez, cuarta, centésima y una milésima vez. A ese paso terminaremos sintiéndonos completamente impotentes para rechazarlo. Pero si después de haber resistido la tentación una vez, no le hacemos el más mínimo caso al asunto, experimentaremos la victoria. Debemos prestar atención al hecho que consta en la Palabra de Dios y desentendernos de nuestra propia percepción. El hecho radica en que tan pronto resistimos al diablo, él huirá. Si no creemos que él ha huido después de haberlo resistido, nuestra percepción nos está engañando. Si creemos a esta percepción, el diablo regresará. Debemos aprender a creer en las gloriosas palabras de Dios. Una vez que hayamos resistido al diablo la primera vez, no necesitamos hacerlo de nuevo, porque el asunto ya está resuelto.
Esto es lo que Satanás hace en la mente del hombre. Debemos darnos cuenta de que él ataca la mente del hombre. Tenemos que rechazar todo pensamiento que venga de Satanás y, al mismo tiempo, debemos tener presente que una vez que rechazamos sus insinuaciones, el asunto termina. No debemos preocuparnos excesivamente por sus ataques, porque si lo hacemos, nuestra mente se confundirá, y habremos caído en la trampa que el diablo nos tiende

lunes, 25 de agosto de 2008

¿CUANTO PESA EL PECADO?


Un predicador acababa de invitar a sus oyentes a buscar de Dios,cuando un joven exclamó:
-Usted habla del peso del pecado. Yo no losiento — Cuanto pesa? Veinte kilos, cien kilos?
-Digame -le pregunto el predicador-, si usted pusiera un peso de cien kilos sobre el pecho de un hombre muerto, -Lo sentiria el??
–No, ya que esta muerto -Costesto el joven.
El predicador prosiguio: -Pues bien, el hombre que no siente el peso del pecadoesta espiritualmente MUERTO.
He muerto con Cristo y soy libre del poder del pecado (Rom. 6: 7 - 8).
He sido crucificado con Cristo. Ya no soy yo el que vive sino Cristo vive en mí. La vida que vivo en el cuerpo, la vivo por la fe en Jesús (Galatas. 2: 20).
Estoy muerto al pecado pero vivo para Cristo Jesús (Rom. 6: 11).
El pecado ya no tiene dominio sobre mí, porque no estoy bajo la ley sino bajo la gracia (Rom. 6: 14).

DESPIERTATE TU QUE DUERMES

POR: Carlos Wesley
Predicado el domingo 4 de abril de 1742 ante la Universidad de Oxford.

Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo (Efesios 5: 14).

Al discurrir sobre este asunto, trataré, con el favor divi­no, en primer lugar: de describir a los que duermen y a quie­nes se dirigen las palabras del texto. Después, de dar vigor a la exhortación: “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos,” y por último, de interpretar la promesa hecha a los que se despiertan y levantan: “Y te alumbrará Cristo.”
I. 1. En primer lugar, hablemos de aquellos que duer­men según el significado del texto. Con la palabra sueño se figura aquí el estado natural del hombre; esa somnolencia profunda del alma causada por el pecado de Adán y herencia de todos los que de él han descendido; esa pereza, indolencia, estupidez, esa ignorancia de su verdadero estado con que to­dos los hombres vienen al mundo y continúan hasta que la voz de Dios los despierta.
2. “Los que duermen, de noche duermen,” cuando la na­turaleza se encuentra en la más completa oscuridad; “puesto que tinieblas cubren la tierra y oscuridad los pueblos.” El pobre pecador, a quien no se ha despertado, no tiene, por mu­cha que sea su sabiduría en otras cosas, el menor conocimien­to de sí mismo, y en este respecto “aún no sabe nada como de­be saber;” ignora que es un espíritu caído, cuyo fin exclusivo en este mundo es recuperarse de su caída y volver a obtener la imagen de Dios en cuya semejanza fue creado. No ve la necesidad ni aquello que es indispensable: ese cambio com­pleto e interior, ese renacimiento, figurado en el bautismo, que es el principio de esa renovación radical, de esa santifica­ción del espíritu, alma y cuerpo sin la cual “nadie verá al Señor.”
3. Plagado de enfermedades, imagínase estar en perfec­ta salud; encadenado fuertemente con hierros y en la miseria, sueña gozar de libertad y exclama: “paz, paz,” al mismo tiem­po que el diablo, como “un hombre fuerte, armado,” está en plena posesión de su alma. Continúa durmiendo y descansan­do a la par que el infierno se mueve debajo de él para atra­parlo; aunque el abismo, de donde jamás se vuelve, ha abierto la boca para tragarlo. Fuego encendido hay en derredor suyo, y sin embargo, no lo sabe; aunque llega a quemarlo, no se cuida de ello.
4. El “que duerme” es por consiguiente (pluguiese a Dios que todos lo entendiésemos bien) un pecador satisfecho en sus pecados, que desea permanecer en su estado caído y vivir y morir sin la imagen de Dios; que no conoce su enfer­medad ni sabe cuál es su único remedio; que nunca ha sido amonestado o no ha querido escuchar la amonestación de Dios que le dice: “huye de la ira que ha de venir;” y quien jamás se ha persuadido de que está en peligro del infierno ni ha gritado con toda la ansiedad de su alma: ¿Qué debo hacer para ser salvo?
5. Si este que duerme no es abiertamente vicioso, tiene por lo general el sueño más profundo; ya sea como el espíri­tu de Laodicea, ni frío ni caliente—quieto, racional, inofensivo, amable, fiel a la religión de sus padres—, o ya celoso y orto­doxo, fariseo, “conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión,” es decir, uno que, según la descripción de las Sa­gradas Escrituras, se justifica a sí mismo, trabaja por estable­cer su propia justicia como la base para ser aceptado por Dios.
6. Este es aquel que “teniendo apariencia de piedad” ha negado la eficacia de ella, y que probablemente la envilece dondequiera que la encuentra como si fuese una extravagan­cia o ilusión. Este desgraciado a sí mismo se engaña y da gracias a Dios porque no es como los demás hombres: “la­drones, injustos, adúlteros,” ni a nadie hace mal; al contra­rio, ayuna dos veces por semana, usa de todos los medios de gracia, asiste constantemente a la iglesia y frecuenta los sa­cramentos. Más aún, da diezmos de todo lo que posee, hace “todo el bien que puede;” tocante a la justicia de la ley, está limpio; no le falta de la santidad sino el poder; nada de la re­ligión, sino el espíritu y el cristianismo, la verdad y la vida.
7. Empero, ¿no sabéis que un cristiano como éste, por muy estimado que sea de los hombres, ante la presencia de Dios es abominación y heredero de todos los males que el Hijo de Dios, ayer, hoy y para siempre anuncia en contra de los “escribas y fariseos, hipócritas”? Lo de afuera ha limpia­do, mas por dentro está lleno de podredumbre; “cosa pes­tilencial de él se ha apoderado.” Justamente nuestro Señor a un “sepulcro blanqueado” lo compara, que de fuera, a la verdad, se muestra hermoso, mas de dentro está lleno de hue­sos de muertos y de toda suciedad; huesos, que a la verdad, ya no están secos; nervios y carne han subido sobre ellos y la piel los ha cubierto; mas no hay aliento en ellos, ni tienen el Espíritu del Dios viviente. “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él.” Vosotros sois de Cristo, “si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros;” pero si no, sabe Dios que vivís en la muerte aun ahora mismo.
8. Otra característica del que duerme, es que habita en la muerte y no lo sabe. Está muerto para con Dios, muerto en sus delitos y pecados, “porque la intención de la carne es muerte.” Como está escrito: “el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte;” no solamente la muer­te física, sino la espiritual y eterna. “Mas del árbol de cien­cia del bien y del mal, no comerás de él; porque el día que de el comieres, morirás,” dijo Dios a Adán, y esta no era la muer­te del cuerpo (a no ser que en ese momento perdiese la in­mortalidad material), sino del espíritu; perderás la vida del alma; morirás para con Dios; quedarás separado de Aquel que es la esencia de tu vida y felicidad.
9. De esta manera se disolvió la unión vital de nuestra alma con Dios; de modo que “en medio de la vida” natural, estamos “en la muerte” espiritual en la que permaneceremos hasta que el segundo Adán nos vivifique con su Espíritu; has­ta que El levante a los muertos; muertos en pecado, en los pla­ceres, en las riquezas y honores. Para que un alma muerta pueda resucitar, es menester que escuche la voz del Hijo de Dios, que comprenda lo desesperado de su condición y reciba ella misma la sentencia de su muerte. Sabe que está muerta mientras vive, muerta para con Dios y todas las cosas de Dios, sin tener más poder de cumplir con las obligaciones de un verdadero cristiano, del que un cuerpo muerto tiene de eje­cutar las funciones del hombre vivo.
10. Y qué cierto es del que está muerto en pecados que no tiene “los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal;” puesto que teniendo ojos, no ve; teniendo orejas, no oye; ni gusta y ve que es bueno Jehová. No ha visto a Dios jamás, oído su voz ni palpado “tocante al Verbo de vi­da.” En vano se ha derramado para él el nombre de Jesús como ungüento que exhala aromas de mirra, áloe, y casia. El alma que duerme el sueño de la muerte no percibe estas co­sas; ha perdido el sentido de la conciencia y nada de esto en­tiende.
11. De aquí es que, no teniendo el sentido espiritual ni la facultad de recibir las cosas espirituales, el hombre natu­ral no acepta las cosas del Espíritu de Dios y tan lejos está de poderlas admitir, que más bien le parecen locura. No le satisface ignorar las cosas espirituales por experiencia pro­pia, sino que niega aun que existan y la sensación espiritual es para él la mayor locura. “¿Cómo puede ser esto?” De la misma manera que sabéis que vuestros cuerpos están vivos. La fe es la vida del alma y si tenéis esta vida en vosotros, no ne­cesitáis más pruebas para satisfaceros de esa conciencia di­vina, este testimonio de Dios que es mayor y vale más que diez mil testigos humanos.
12. Si en la actualidad no das testimonio con tu espíritu de que eres hijo de Dios, quiera el Señor persuadirte por me­dio de su poder, ¡oh pobre pecador que aún duermes!, de que eres una criatura del diablo. Ojalá y mientras profetizo viniese un ruido y temblor y los huesos se llegasen “cada hueso a su hueso.” “Espíritu, ven de los cuatro vientos y sopla sobre es­tos muertos, y vivirán.” No endurezcáis vuestros corazones ni resistáis al Espíritu Santo que ahora mismo procura persuadiros de que sois pecadores, puesto que no creéis en el Uni­génito de Dios.
II. 1. Por consiguiente, “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos.” El Señor te está llamando por mi boca y te exhorta a conocerte a ti mismo, espíritu caído, y tu verdadero estado y condición. ¿Qué tienes, dormilón? levántate y clama a tu Dios. Levántate y clama a tu Dios— quizá El tendrá compasión de ti y no perecerás. Una gran tempestad se levanta en tu derredor y te estás sumergiendo en las profundidades de la perdición, en el océano de los jui­cios divinos. Si quieres escapar de ellos, arrójate en ellos; “júzgate a ti mismo, para que el Señor no te juzgue.”
2. ¡Despiértate, despiértate! Levántate ahora mismo, no sea que tomes de la mano de Jehová el vaso del vino de su furor. Anímate y tómate del Señor, el Señor de la Justicia, grande para salvar.” “Sacúdete del polvo” o al menos déjate sacudir por el temblor de los juicios del Señor. Despiértate Y grita con el carcelero: “¿Qué es menester que yo haga para ser salvo?” y no descanses hasta que creas en el Señor Jesús con la fe que es su don por influencia del Espíritu Santo.
3. Si a alguno me dirijo más especialmente que a otros, es a ti ¡oh alma! que no te crees aludida en esta exhortación. Tengo un mensaje de Dios para ti y en su nombre te amo­nesto a que huyas de “la ira que vendrá.” Mira, pues, tu re­trato, oh alma indigna, en Pedro allí en el oscuro calabozo, entre los soldados, cargado de cadenas y vigilado por los guar­dias de la prisión. La noche casi ha pasado y aproxímase la mañana cuando habrás de ser llevada al patíbulo; y en tan tremendas circunstancias aún duermes—estás profundamente dormida en brazos del demonio, a la orilla del precipicio, en las garras de la eterna destrucción.
4. Que el ángel del Señor se acerque a ti y brille la luz en tu prisión. Que puedas sentir la mano fuerte del Señor que te levanta y su voz que te dice: “Cíñete, y átate tus sandalias…Rodéate tu ropa y sígueme.”
5. Despiértate, oh espíritu inmortal, de tu sueño de fe­licidad mundana. ¿No te creó Dios para El mismo? No podrás descansar sino hasta que descanses en El. Vuélvete ¡oh pobre descarriado! Apresúrate a entrar otra vez en tu arca. Este no es tu hogar. No pienses edificar aquí tabernáculos. No eres sino extranjero y peregrino sobre la tierra; la criatura de un día que se precipita a un estado inalterable. Apresúrate pues, que la eternidad se aproxima, la eternidad que depende de este momento, una eternidad de gozo o de sufrimiento.
6. ¿En qué estado se encuentra tu alma? Si Dios te pi­diese tu alma, mientras estoy hablando, ¿estaría lista para la muerte y el juicio? ¿Podrías presentarte ante Aquel que es demasiado “limpio…de ojos para ver el mal”? ¿Eres digno de “participar de la suerte de los santos en luz”? ¿Has peleado la buena batalla y guardado la fe? ¿Has recobrado la ima­gen de Dios en ti mismo, la virtud y verdadera santidad? ¿Te has quitado el hombre viejo y puesto el hombre nuevo? ¿Te has revestido de los méritos de Cristo?
7. ¿Tienes aceite en tu lámpara, gracia en tu corazón? ¿Amas al Señor “de todo tu corazón, y de toda tu alma…y de todo tu entendimiento”? ¿Tienes esa mente que es según la mente de Jesucristo? ¿Eres cristiano en realidad de verdad, es decir: una nueva criatura? ¿Han pasado las cosas viejas y han sido todas hechas nuevas?
8. ¿Eres “participante de la naturaleza divina”? ¿No sabes que Cristo está en ti a no ser que seas un réprobo, que Dios habita en ti y tú en Dios por medio de su Espíritu que te ha dado, que tu cuerpo “es templo del Espíritu Santo”? ¿Tienes testimonio en ti mismo, la señal de tu herencia? ¿Has “recibido el Espíritu Santo,” o te sorprende mi pregunta y contestas que ni siquiera sabes “si hay Espíritu Santo”?
9. Si acaso este lenguaje te ofendiere, sabe que no eres cristiano ni deseas serlo; que tu misma oración en pecado se convierte y que hoy día te has burlado de Dios muy solem­nemente, cuando oraste pidiendo el auxilio del Espíritu Santo, al mismo tiempo que no creías se pudiese recibir tal cosa.
10. A pesar de esto, con la autoridad de la Palabra de Dios y de nuestra Iglesia, debo repetir la pregunta: “¿Habéis recibido el Espíritu Santo?” Si no lo has recibido, aún no eres cristiano; porque cristiano sólo es el hombre que está un­gido del Espíritu Santo y de poder. Aun no eres participante de la religión pura y limpia. ¿Sabes qué cosa es la religión; qué es: participar de la naturaleza divina; la vida de Dios en el alma humana; tener a Cristo en el corazón; Cristo en ti, “la esperanza de gloria,” pureza y felicidad; el principio de la vida celestial en la tierra; el reino de Dios en ti; no la co­mida ni la bebida; no una cosa exterior, sino “justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo” un reino eterno fundado en el alma; “la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento;” un “gozo inefable y glorificado”?
11. ¿Sabes tú que “en Cristo Jesús ni la circuncisión va­le algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por la cari­dad,” la nueva creación? ¿Ves la necesidad de ese cambio in­terior, del nacimiento espiritual, de la vida de los que antes estaban muertos, de la santidad, y estás plenamente persua­dido de que sin ella ninguno verá al Señor? ¿Estás trabajando por obtenerla y hacer firme “tu vocación y elección,” ocu­pándote en tu salvación con temor y temblor, esforzándote a entrar por la puerta angosta? ¿Obras en conciencia res­pecto a tu alma y puedes decir al que escudriña los corazo­nes: Tú oh Dios, eres lo que mi corazón desea, Tú sabes to­das las cosas, Tú sabes que quiero amarte?
12. Abrigas la esperanza de ser salvo; pero ¿qué razón tienes para abrigar esa esperanza? ¿Porque no has hecho ningún mal o porque has hecho mucho bien? ¿Porque no eres co­mo otros hombres, sino instruido, sabio, honrado y moral, esti­mado de todos, y de buena reputación? ¡Ay! nada de esto te valdrá con Dios. Con El vale menos que nada. ¿Conoces al Señor Jesús a quien Dios mandó, y te ha enseñado que “por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe”? ¿Has reci­bido como la base de tu esperanza, esa palabra fiel de que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”? ¿Has aprendido lo que quiere decir: “No he venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento”? “No soy envia­do sino a las ovejas perdidas.” ¿Estás ya perdido, muerto, con­denado? El que tiene oídos para oír que oiga. ¿Sabes lo que mereces? ¿Conoces tus necesidades? ¿Eres pobre de espí­ritu y estás pidiendo a Dios y rehusándote a ser consolado? ¿Eres el hijo pródigo que “vuelve en sí” y se levanta arrepen­tido para ir a su padre? ¿Quieres vivir santamente en Cristo Jesús? ¿Sufres acaso alguna persecución por causa de El? ¿Dicen de ti los hombres toda clase de cosas malas falsamente y por causa del Hijo del hombre?
13. Ojalá y escuchaseis en todos estos asuntos la voz de Aquel que hace despertar a los muertos, y sintieseis el peso de su palabra capaz de desmenuzar las rocas. ¡Oh, si escuchaseis su voz hoy día, mientras es de día, y no endurecieseis vues­tros corazones! “Despiértate, tú que duermes,” en sueño es­piritual, no sea que duermas la muerte eterna. Considera lo desesperado de tu condición y “levántate de los muertos.” Deja a tus antiguos compañeros de pecado y miseria; sigue tú a Jesús y deja que los muertos entierren a sus muertos; sé salvo de esta perversa generación; sal de en medio de ellos, apártate y no toques lo inmundo, y el Señor te recibirá. Cris­to te dará la luz.
III. 1. Paso, por último, a explicar esta promesa. Y qué pensamiento tan consolador es éste: cualquiera que obedece su llamamiento y lo busca, no lo hará en vano. Si te despiertas y levantas aun de entre los muertos El te dará la luz como lo ha prometido. “Gracia y gloria dará Jehová;” la luz de su gracia aquí y la de gloria cuando recibas la corona que no se marchita jamás. “Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salud se dejará ver presto.” “Dios, que mandó que de las ti­nieblas resplandeciese la luz,” resplandecerá en tu corazón para tu “iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” A los que temen al Señor, “nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud” y en ese día se les dirá: “Levántate, resplandece; que ha venido tu lumbre, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti,” porque Cristo en ellos se revelará y El es la verdadera luz.
2. Dios es luz y se revela a todo pecador que a sí mismo se despierta, que lo busca: serás, pues, un templo del Dios vi­viente y Cristo morará en tu corazón por medio de la fe, y arraigado y fundado en amor, podrás comprender bien con todos los santos, “cuál sea la anchura y la longura y la pro­fundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que ex­cede a todo conocimiento.”
3. He aquí vuestro llamamiento, hermanos míos. Esta­mos llamados a ser una habitación de Dios por medio de su Espíritu que, habitando en nosotros, nos hace aptos para par­ticipar de la suerte de los santos en luz. Tales son las promesas hechas a los que creen, supuesto que por medio de la fe “no­sotros hemos recibido, no el espíritu del mundo sino el Espí­ritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado.”
4. Es el Espíritu de Cristo el gran don de Dios que, de dis­tintas maneras y en diferentes lugares, ha prometido al hom­bre y dado abundantemente desde la época cuando Cristo fue glorificado. Esas promesas hechas a nuestros padres, ha cum­plido: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos” (Ezequiel 36:27). “Derramaré aguas sobre el secadal, y ríos sobre la tierra árida: mi espí­ritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos” (Isaías 44:3).
5. Todos vosotros podéis ser testigos vivientes de estas cosas: de la remisión de los pecados y del don del Espíritu Santo. “Si puedes creer, al que cree, todo es posible.” ¿“Quién hay entre vosotros que teme a Jehová” y sin embargo, aún camina en las tinieblas y no tiene luz? Te pregunto en el nom­bre del Señor Jesús: ¿Crees que su brazo es tan poderoso co­mo siempre? ¿Que aún es “grande para salvar”? ¿que es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”? ¿que tiene poder sobre la tierra para perdonar pecados? “Confía, hijo; tus pecados te son perdonados.” Dios, por los méritos de Cristo, te ha per­donado. Recibe pues, este mensaje, no como la palabra del hombre, sino como la palabra de Dios; estás justificado ampliamente, por medio de la fe; de la misma manera que serás santificado y el Señor Jesús te sellará porque “Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.”
6. Permitidme, hermanos y señores, que os hable con toda llaneza y recibid estas palabras de exhortación aun de uno que es de poca estima en la Iglesia. Movidas por el Espíri­tu Santo, vuestras conciencias os dan testimonio de que estas cosas son ciertas, si es que habéis probado la misericordia del Señor. “Esta empero, es la vida eterna: que conozcáis al solo Dios verdadero, y a Jesucristo al cual El ha enviado.” Esta ex­periencia personal, y sólo ella, constituye el verdadero cris­tianismo. Solamente es cristiano aquel que ha recibido el Es­píritu de Cristo, y el que no lo ha recibido, no es cristiano; porque no es posible haberlo recibido sin saberlo. “En aquel día,” dijo el Señor, “vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.” Este es aquel “Es­píritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros” (Juan 14:17).
7. El mundo no lo puede recibir, sino que por completo rechaza la promesa del Padre, contradiciendo y blasfemando. Todo espíritu que no confiesa esto, no es de Dios. “Este es el espíritu del anticristo del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo.” Quienquiera que niegue del Santo Espíritu la inspiración, o que la posesión de ese Espíritu sea la herencia común de todos los creyentes, la bendición del Evangelio, el don inestimable, la promesa universal, la piedra de toque de todo verdadero cristiano, es el anticristo.
8. De nada le sirve decir: No niego la ayuda del Espí­ritu de Dios, sino su inspiración, esta recepción del Espíritu Santo y el tener conciencia de su presencia; este sentir del Espíritu, el ser movido por El o estar lleno de El que no puede tener lugar en una religión sana. Pero con negar sólo esto, negáis todo: la inspiración de las Sagradas Escrituras; todas las verdades, promesas y testimonios de Dios.
9. Nada de esta infernal distinción sabe nuestra excelen­te iglesia; mas al contrario, habla muy claramente respecto al “sentir el Espíritu de Cristo,” de estar “movido por el Espí­ritu Santo,” “de saber que no hay otro nombre mas que el del Señor Jesús” para poder obtener vida y salvación. Nos enseña a pedir la “inspiración del Espíritu Santo” y aun “que seamos llenos del Espíritu Santo.” Todos sus presbíteros creen recibir el Espíritu Santo por medio de la imposición de ma­nos.[2] Por consiguiente, el negar cualquiera de estas cosas, es renunciar a la Iglesia Anglicana y a toda la revelación cris­tiana.
10. Pero “la sabiduría de Dios” ha sido siempre nece­dad para con los hombres, y no hay que admirarse de que los grandes misterios del Evangelio hayan sido “escondidos de los sabios y los prudentes” —lo mismo que en tiempos remotos— para que nieguen su eficacia casi universalmente, los ridiculi­cen y los consideren como una mera locura, de modo que a to­dos los que lo aceptan se les llama locos entusiastas. Esta es aquella apostasía general que había de venir; esa apostasía ge­neral de los hombres de todas clases y condiciones, que hoy día se dilata por toda la extensión de la tierra. “Discurrid por las plazas de Jerusalén, y mirad ahora, y sabed, y buscad en sus plazas si halláis hombre” que ame al Señor de todo su cora­zón y que lo sirva con toda su inteligencia. Nuestra patria, sin ir más lejos, está inundada de iniquidad. ¡Cuántas villanías cometen diariamente y con toda impunidad aquellos que ha­cen alarde y se glorían en sus crímenes! ¿ Quién podrá con­tar las blasfemias, maldiciones, juramentos, mentiras, calum­nias, detracciones, conversaciones mordaces; las veces que se peca quebrantando el día del Señor; las ofensas, la gula, la embriaguez, las venganzas, la lujuria, los adulterios, los pe­cados de la carne, los fraudes, las opresiones, las extorsiones que inundan el país entero como un diluvio?
11. Y aun entre aquellos que están libres de estas abo­minaciones ¡cuánto no hay de ira y orgullo, de pereza y flo­jera, de maneras afectadas y afeminadas, de amor a las como­didades y a sí mismo, de codicia y ambición! ¡qué deseo de las alabanzas de otros, qué apego al mundo, qué miedo al hombre! Y por otra parte, ¡qué pocos tienen verdadera religión! Por­que, ¿dónde está aquel que ama a Dios y a su prójimo como el Señor nos ha mandado? Por una parte vemos a unos que ni siquiera la forma de la religión tienen; por otra, a los que tan sólo ostentan la exterioridad. De un lado el sepulcro abierto, del otro el blanqueado; de manera que cualquiera persona que observase cuidadosamente alguna reunión numerosa (sin exceptuar nuestras congregaciones), vería muy fácilmen­te que “una parte era de Saduceos, y la otra de Fariseos;” la Primera ocupándose tan poco de la religión, como si no hu­biera ni “resurrección, ni ángel, ni espíritu;” y la otra convirtiéndola en mera forma inerte, en una serie de exterioridades y ceremonias sin la verdadera fe, el amor de Dios o el gozo del Espíritu Santo.
12. Pluguiese a Dios que nosotros los de este lugar fué­ramos la excepción. Hermanos, la voluntad de mi corazón y mi oración a Dios es para vuestra salud, que seáis salvos de este diluvio de iniquidades, que de aquí no pasen ya sus or­gullosas olas. Pero, ¿es esto un hecho? Dios lo sabe y vuestras conciencias os dicen que no es así. No os habéis guardado lim­pios. Corrompidos y abominables somos todos y pocos hay que tengan mejor entendimiento; muy pocos que adoren a Dios en espíritu y en verdad. Nosotros también somos “generación contumaz y rebelde;” generación que no apercibe su corazón, ni es fiel para con Dios su espíritu. El Señor nos había esco­gido para ser “la sal de la tierra; y si la sal se desvaneciere, no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.”
13. “¿No había de hacer visitación sobre esto? dijo Je­hová. De una gente como ésta ¿no se había de vengar mi al­ma?” ¡Ay! no sabemos con qué presteza dirá a la espada, “Es­pada, pasa por mi tierra.” Mucho tiempo nos ha dado para arrepentimos; pero ahora nos despierta y amonesta con el trueno; sus castigos se están viendo en toda la tierra y pode­mos con razón, esperar que sobre nosotros caiga el peor de ellos; tal vez vendrá presto y quite nuestro candelero de su lugar, si no nos arrepentimos y hacemos nuestras primeras obras, si no volvemos a las enseñanzas de la época de la Re­forma, a la verdad y sencillez del Evangelio. Quién sabe si estemos resistiendo el último esfuerzo de la divina gracia pa­ra salvarnos; si habremos llenado la medida de nuestras ini­quidades al rechazar el mensaje de Dios en contra de noso­tros y al despedir a sus mensajeros.
14. Oh Señor, “en la ira acuérdate de la misericordia” y glorifícate en nuestra enmienda, no en nuestra destrucción. Permítenos oír “la vara y a quien la establece.” Ahora que tus juicios están en la tierra, permite que los moradores del mundo aprendan la justicia.
15. Hermanos, ya es tiempo de que nos despertemos de nuestro sueño, antes que suene la trompeta del Señor y nues­tra patria se convierta en un lago de sangre. Ojalá y veamos las cosas que son necesarias para nuestra paz antes de que se esconda de nuestra vista. “Vuélvenos, oh Dios, salud nuestra, y haz cesar tu ira de sobre nosotros; mira desde el cielo, y con­sidera, y visita esta viña y haznos saber el día de nuestra visi­tación.” “Ayúdanos, oh Dios, salud nuestra, por la gloria de tu nombre: y líbranos, y aplácate sobre nuestros pecados por amor de tu nombre.” “Así no nos volveremos de ti: vida nos darás, e invocaremos tu nombre. Oh Jehová, Dios de los ejér­citos, haznos tornar; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.”
“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mu­cho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, por la potencia que obra en nosotros, a él sea gloria en la Igle­sia por Cristo Jesús, por todas las edades del siglo de los siglos. Amén.”

LAS 2 SEMILLAS


Dos semillas están juntas en la tierra sembrada.
La primera dijo:
” Quiero crecer! Quiero que mis raíces lleguen muy abajo en el suelo y que mis retoños rompan la corteza de la tierra que tengo arriba…
Quiero desplegar mis tiernos brotes como banderas para anunciar la llegada de la primavera…
Quiero sentir el calor del sol en mi cara y la bendición del rocío matinal en mis pétalos!”
Y entonces creció.
La segunda semilla dijo:
“Tengo miedo.
Si dejo que mis raíces vayan hacia abajo, no sé qué encontraré en la oscuridad.
Si me abro camino a través del suelo duro por sobre mi puedo dañar mis delicados retoños…
¿Y si dejo que mis brotes se abran y una serpiente tratade comerlos?
Además, si abriera mis pimpollos, tal vez un niño pequeño me arranque del suelo.
No, me conviene esperar hasta que sea seguro”.
Y entonces esperó. Un ave que andaba dando vueltas porel lugar en busca de comida, encontró a la semilla que esperaba y enseguida se la tragó.
“El que al viento observa, no sembrará, y el que mira a las nubes, no segará. Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes de reposar tu mano.” Eclesiastés. 11: 4-6
Cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca. Mateo 7:24,25.

TRES CONDUCTORES Y EL AUTOBUS ESCOLAR

Publicado el Febrero 11, 2008 por jcmosquera

Al superintendente de educación del condado le hacía falta emplear un conductor de autobús escolar, y tenía tres aplicaciones para la vacante. Para seleccionar el hombre más capacitado ideó la siguiente prueba:

* Llevó al primer candidato por cierto camino a un lugar donde había una curva cerrada en una subida fuerte, y le preguntó: “¿Qué tan pegada puede usted acercar el autobús a la orilla del camino en esta curva sin precipitarse, con todo y niños, por el precipicio”? El conductor echó un vistazo, replicando: “Creo que hasta seis centímetros de la orilla, sin arriesgar la seguridad”.

* Al segundo candidato para el trabajo se le planteó la misma situación. Examinó la curva y dijo al oficial del condado: “Creo que puedo llevar el autobús hasta dos centímetros de la orilla, sin caer sobre el precipicio”.

* El superintendente llevó al tercer candidato al mismo escenario, haciéndole la misma proposición. De inmediato, este respondió: “¿Me tiene por loco? A mi no me preocupa qué tan cerca pueda llevar el autobús a la orilla. Más bien, trataré de alejarme lo más posible de la línea de peligro”.

Este fue contratado.

Para el cristiano, hay una “línea de peligro” . El apóstol Juan dijo: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2:15). Quien procura permanecer pegado lo más posible al mundo de pecado mientras sigue a Cristo, tiene una actitud mala.
Tal cual el tercer conductor, cada individuo debe mantenerse tan distante posible de la zona de peligro. El apóstol Pablo escribió: “Aborreced lo malo, seguid lo bueno”.
B. C. Goodpasture

¿CÓMO MURIERON LOS APÓSTOLES?

Jacobo, hijo de Zebedeo: Decapitado en el año 44 dC.
Felipe: Crucificado en el año 54 dC.
Mateo: Traspasado por una espada.
Santiago: (Jacobo el menor): Apedreado. Su cerebro quedó expuesto.
Matías: (el reemplazante de Judas): Apedreado y decapitado.
Andrés: Crucificado.
Marcos: Descuartizado.
Pedro: Crucificado de cabeza.
Judas Tadeo: Crucificado.
Bartolomé: Azotado y crucificado
Tomás: Atravesado por una lanza
Juan: El único que murió anciano, por causa natural.

“¡A la luz de la muerte de los mártires nos vemos tan ridículos…!”
- Jesús Olivares -

EL PERRO FIEL


Una pareja de jóvenes tenía varios años de casados y nunca pudo tener hijos.
Para no sentirse tan solos compraron un cachorro Pastor Alemán, el cual criaron como si fuera su propio hijo.
El cachorro creció hasta convertirse en un grande y hermoso Pastor Alemán. El perro salvó en más de una ocasión a la pareja de ser atacada por los ladrones. Siempre era un perro fiel a sus dueños contra cualquier peligro.
Luego de 7 años de tener al perro, la pareja logró tener al hijo tan ansiado, la pareja estaba tan contenta con su nuevo hijo que disminuyeron las atenciones que tenían para con el perro. Éste se sintió relegado y comenzó a tener celos del bebé. Gruñía cuando sus dueños paseaban al bebé y no era el perro cariñoso y fiel que tuvieron durante 7 años.
Un día la pareja dejó al bebé plácidamente durmiendo en la cuna, mientras preparaban una carne en la terraza, cual no sería su sorpresa, cuando al dirigirse al cuarto del bebé, ven al perro con la boca ensangrentada moviendo la cola.
El dueño del perro pensó lo peor, sacó un arma y en el acto mató al perro. Corrieron al cuarto del bebé y con gran asombro lo encontraron tranquilamente durmiendo. En la parte debajo de la cuna del bebé encontraron una serpiente degollada.
El dueño lloró amargamente lamentándose: “He matado a mi perro fiel”.
Cuántas veces hemos juzgado injustamente a las personas. Lo que es peor, las juzgamos y las condenamos sin investigar a qué se debe su comportamiento, cuáles son sus pensamientos y sentimientos.
Muchos amigos fieles hemos “matado” por no aclarar una situación, muchas veces las cosas no son tan malas como parecen, sino todo lo contrario. La próxima vez que nos sintamos tentados a juzgar y condenar a alguien recordaremos La Historia del Perro Fiel.
No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo. Levítico 19:15.
¿Me van a juzgar por mis palabras,sin ver que provienen de un desesperado? Job 6:26.
No hay más que un solo legislador y juez, aquel que puede salvar y destruir. Tú, en cambio, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo? Santiago 4:12.

¿QUIEN EMPACÓ HOY TU PARACAIDAS?


Charles Plumb, era piloto de un bombardero en la guerra de Vietnam. Después de muchas misiones de combate, su avión fue derribado por un misil. Plumb se lanzó en paracaídas, fue capturado y pasó seis años en una prisión norvietnamita. A su regreso a Estados Unidos, daba conferencias relatando su odisea, y lo que aprendió en la prisión.
Un día estaba en un restaurante y un hombre lo saludó:
Le dijo “Hola, usted es Charles Plumb, era piloto en Vietnam y lo derribaron verdad?” “Y usted, ¿cómo sabe eso?”, le preguntó Plumb.
“Porque yo empacaba su paracaídas. Parece que le funcionó bien, ¿verdad?” Plumb casi se ahogó de sorpresa y con mucha gratitud le respondio.

“Claro que funcionó, si no hubiera funcionado, hoy yo no estaría aquí.” Estando solo Plumb no pudo dormir esa noche, meditando:

¿“Se preguntaba Cuántas veces vi en el portaviones a ese hombre y nunca le dije buenos días, yo era un arrogante piloto y él era un humilde marinero?” Pensó también en las horas que ese marinero paso en las entrañas del barco enrollando los hilos de seda de cada paracaídas, teniendo en sus manos la vida de alguien que no conocía.

Ahora, Plumb comienza sus conferencias preguntándole a su audiencia: ¿”Quién empacó hoy tu paracaídas?”. Todos tenemos a alguien cuyo trabajo es importante para que nosotros podamos salir adelante. Uno necesita muchos paracaídas en el día: uno físico, uno emocional, uno mental y hasta uno espiritual.

A veces, en los desafíos que la vida nos lanza a diario, perdemos de vista lo que es verdaderamente importante y las personas que nos salvan en el momento oportuno sin que se los pidamos.

Dejamos de saludar, de dar las gracias, de felicitar a alguien , o aunque sea, decir algo amable sólo porque sí.

Hoy, esta semana, este año, cada día, trata de darte cuenta quién empaca tu paracaídas, y agradécelo.Las personas a tu alrededor notarán ese gesto, y te lo devolverán empacando tu paracaídas con ese mismo afecto Todos necesitamos de todos, por eso demuéstrales tu agradecimiento.

A veces las cosas mas importantes de la vida solo requieren de acciones sencillas Solo una llamada, una sonrisa, un gracias, un Te Quiero, un Te Amo. Gracias por todos los favores que sin merecerlos recibi de ti y nunca te agradeci.

“Ama más quien más ha servido, porque aprecia su vida y la de los demás.” Mateo 20:28
“Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Colosenses 3:17

“Y todo lo que hacéis, sea de palabra, ó de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias á Dios Padre por él.” Colosenses 3:23

INOCENTE

Inocente

En una escuela pública, un niño hizo una travesura, manchando los papeles del pupitre del maestro con tinta.
Cuando el tal llegó y lo descubrió, exigió a todos el nombre del culpable.
-¡López! -gritó un chiquillo.
-¡López, aquí! ordenó el maestro tomando la palmeta. Había dos hermanos del mismo apellido, y se adelantó el mayor, quien recibió estoicamente el fuerte y doloroso golpe.
De repente, el menor, llorando, se adelantó gritando:
-¡Señor maestro: No le pegue más! ¡No fue él, que fui yo el culpable!
El maestro dejó de pegar, intrigado, y pidió explicaciones:
-A ver, tú, López, el mayor: ¿Por qué te has adelantado para ser castigado sin protestar de tu inocencia? Habla.
-Porque él es más pequeño, menos fuerte, y está un poquito enfermo contestó el pequeño héroe.
El maestro, maravillado, le apretó sobre su pecho. -Muchacho -dijo nunca serás en tu vida más cristiano que hoy.
Esto es lo que hizo Cristo por ti y por mí. ¡Dios te bendiga, hijito!
“En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos.
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Filipenses 2:5-8
“Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores,. Cristo murio por nosotros.” Romanos 5:8
De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en El cree, no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Juan 3.16

jueves, 21 de agosto de 2008

JESUS: SE PUEDE PROBAR CIENTÍFICAMENTE?


El conocimiento científico construye explicaciones acerca de la realidad por medio de procedimientos o métodos basados en la LÓGICA, que le permiten establecer leyes generales o EXPLICACIONES particulares de su objeto.

Muchas personas creen que si algo no se puede comprobar científicamente, no es verdadero; lo cual NO ES CIERTO. El método científico, lo limitan, al pensar que únicamente se usa para probar lo que se puede repetir (método experimental) dejando a un lado el método de análisis y síntesis, que es parte del mismo.

Si fuera así, como podríamos responder a preguntas como: vivió Jorge Washington? vivió Albert Einstein?, vivió Jorge Ubico? fue presidente Juan José Arévalo Bermejo?, fue presidente el general Arana, o que almorcé ayer? Fui a clases ayer?. Como podríamos comprobarlo, cómo podríamos repetir ese hecho?.

Por ejemplo: Decimos, “el huevo puede flotar en un vaso con agua salada”; para comprobarlo, vamos y tomamos 2 vasos uno con agua salada y otro no, echamos un huevo en cada uno y vemos que el huevo flota en el vaso con agua salada, se hacen las observaciones, se sacan los datos y con esto ha sido verificada experimentalmente una hipótesis.

Sin embargo, la experimentación no es el único método para probar o demostrar algo, existen otros métodos como la prueba histórica legal, el cual se llega a un veredicto basado en el peso de la evidencias, no habiendo duda alguna en la decisión.

Esta prueba depende de tres tipos de testimonio: el testimonio oral, el testimonio escrito y la exhibición de objetos. A través de éste método podemos comprobar que estuvimos en clase hoy, a través de nuestros compañeros que nos vieron, el maestro que nos recuerda, los apuntes de clases, etc.

Esto nos lleva a querer responder la pregunta clave de este escrito: Quien fue Jesús de Nazaret? Resucitó Jesucristo de entre los muertos?

Debemos entender que la fe cristiana, no es ciega e ignorante, sino es una fe inteligente, racional.

A Cristo se le preguntó ¿Cuál es el gran mandamiento en la ley? El respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda… tu MENTE. Algunos se quedan únicamente en el corazón.

Dios nos dio una mente renovada por el Espíritu Santo para que lo conozcamos, también un corazón para amarlo y una voluntad para escogerlo.

Necesitamos funcionar en cada uno de los tres aspectos para tener una máxima relación con Dios y glorificarlo.

En el siguiente bloque, iniciaremos a estudiar y darle respuesta objetivo a las preguntas planteadas acerca de Jesús.

· Confiabilidad de los datos bíblicos
· Quién es Jesús
· Realmente resucitó
· Etc.

…continuará

Lic. Edgardo Alexander Calderón Guzmán.

Literatura Consultada

Méndez Álvarez, Carlos Eduardo. Metodología, Guía para elaborar diseños de investigación en Ciencias Económicas, Contables Administrativas. México: McGraw Hill, 1994.

Mcdowell, Josh. Evidencia que exige un veredicto. Estados Unidos: Editorial Vida, 1982.

Mcdowell, Josh. Más que un Carpintero. Colombia: Editorial Betania, 1997.